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miércoles, 2 de mayo de 2018

He tenido un sueño!!!



Formación Profesional para el Empleo (FPE)


Según la web de la junta de Andalucía: 

“ La Formación Profesional para el Empleo (FPE) integra en uno solo los anteriores programas de Formación Profesional Ocupacional (FPO) y de Formación Continua. Se trata de un conjunto de acciones que tiene como objeto impulsar y extender entre las empresas y los trabajadores ocupados y desempleados una formación que contribuya a la mejora de la competitividad y de la productividad de las empresas. Asimismo, pretende mejorar la empleabilidad de los trabajadores, especialmente de aquellos colectivos que tienen mayores dificultades de acceso al mercado laboral o de mantenimiento en él.”

Si ésta es la denominación de la FPE que adoptan nuestros responsables sobre la educación, ¿que sería entonces la Formación Profesional “Clásica”?.

Pasemos a que dicen nuestros “sabios”:

“Ciclos de Formación Profesional 
La formación profesional comprende un conjunto de acciones formativas que capacita, a través del desempeño cualificado de diversas profesiones, para el acceso al empleo y la participación activa en la vida social, cultural y económica.
Todos los ciclos de formación profesional incluyen en su currículo, además de los módulos asociados a competencias profesionales, formación relativa a prevención de riesgos laborales, tecnologías de la información y la comunicación, fomento de la cultura emprendedora, creación y gestión de empresas y autoempleo y conocimiento del mercado de trabajo y de las relaciones laborales.
Asimismo, todos los ciclos formativos de formación profesional contienen un módulo de formación en centros de trabajo, con la finalidad de completar las competencias profesionales en situaciones laborales reales.”

Está claro, visto lo visto y leído lo leído, que la FPE es o debería ser extremadamente más efectiva y adaptada a las necesidades del mercado laboral además de ser más ágil para acoplarse al continuo cambio en el catálogo de ocupaciones y familias profesionales, más cuando con los continuos cambios tecnológicos y socioambientales, surgen cada día nuevas disciplinas que requieren de un marco educativo para formar a profesionales que cubran estas necesidades actuales. Si esperamos al proceso burocrático que implica una (otra más) reforma en la FP reglada, llegamos a la solución ya con un déficit de: contenidos, de docentes preparados y de alumnos que demandan nuestros programas educativos.

La FPE se nutre, con sus certificaciones y sobre todo en el de Docencia de la formación profesional para el empleo, de docentes con un altísimo grado de capacitación para afrontar con entusiasmo, motivación y profesionalidad lo que realmente demanda el mercado laboral real. Son profesionales experimentados en sus disciplinas que van a inculcar a su alumnado la realidad desde el primer día, dándoles la oportunidad de hacerse con las herramientas para afrontar los retos que van a encontrarse el momento que finalicen sus cursos con una tremenda ilusión, pero sobre todo con las aptitudes necesarias para ser competitivos y válidos para la empresa que los acoja.


Entre todos, empezando por la comunidad FPE-educativa, la FP reglada y toda la sociedad, fomentar un cambio que enriquezca nuestra Formación Profesional, con centros equipados de talleres y material excelente (que ya lo están) y equipos de docentes y alumnos que entre todos construyamos una sociedad donde la Formación Profesional sea realmente lo que debe ser, la parte indispensable de un país que permite evolucionar profesional y tecnológicamente por igual que su Universidad.

No sé si a través de una integración de todas las formaciones profesionales. Igual el proceso es más lento de lo que un servidor imagina. O tal vez no, que la FPE comience a ser lo que su ADN le dicta, sin tener las barreras que actualmente tiene, que sus centros se llenen de programas docentes, de alumnos y de riqueza y entre todos poco a poco conseguir una enseñanza ágil, flexible y adaptada, llena de docentes profesionales, preparados, experimentados y motivados, en centros vivos y bien equipados y alumnos que se sienten ilusionados y atendidos a las necesidades reales que demandan ellos mismos y su futuro inmediato.

¿Utopía? NO, las bases existen ya (Centro de FPE, Cartuja, Granada) y estoy seguro que en toda nuestra comunidad autónoma hay muchísimos más, sólo nos falta creérnoslo y empezar a trabajar ya para hacerlo realidad.

Me encantaría conocer vuestra opinión, aunque sea en dos palabras... una positiva y otra negativa... como diría nuestro Domingo.

¡Entre todos lo conseguiremos!

lunes, 16 de abril de 2018


    DOCENTES DECENTES

  
                                                                                                                       Hace poco he leído un artículo de Víctor Núñez en el blog de LA RAZÓN, el cual me ha llamado la atención. Aunque pienso que no solo existen los buenos docentes que son capaces, con dedicación, ilusión y perseverancia llegar a sus alumnos a través de mil y una formas y resquicios; y los malos docentes que realizan su trabajo con desgana y no les importa si lo que intentan comunicar llega o no a los demás. También están los docentes que después de una carrera larga y costosa y unas oposiciones que les ha podido llevar años, están muy preparados intelectualmente, pero en cambio, no tienen las capacidades necesarias para hacer llegar esos conocimientos a sus alumnos. 

     
Estas capacidades se pueden adquirir en gran medida, aunque de ellos depende encerrarse en sí mismos y pensar que tienen aprendido todo lo que deben saber. O por el contrario seguir aprendiendo a comunicar y llegar a sus alumnos con todo el potencial posible. No se debe olvidar que es el alumno el que aprende y el docente es el encargado de despertar el interés de éste para que adquiera los conocimientos que se le están ofreciendo.
     
     Este es el artículo. 


Por Víctor Núñez

Una vez escuché en un homenaje a un profesor universitario que  no había profesión más decente que la del docente. Me pareció una frase ingeniosa que encerraba una verdad y el reconocimiento a una labor imprescindible para cualquier sociedad. De mi triple faceta profesional como periodista, empresario y profesor, me siento especialmente orgulloso de la tercera. Dicho esto, y como todo en la vida, existe la otra cara de la moneda. ¿Todos los docentes son decentes? Pues la verdad es que la inmensa mayoría sí los son. Pero como en cualquier profesión existen garbanzos negros. Esto no sería muy grave si no fuera por los devastadores efectos de un mal docente en sus principales víctimas: los alumnos. Igual que ya razoné por aquí,,homenajeando al polaco Ryszard Kapuœciñski que no se podía ser periodista y mala persona, menos aún debe haber profesores en activo que sean malas personas.

En España, afortunadamente, existe una buena percepción de la profesión docente y es, de hecho, la segunda más valorada por la sociedad, según distintos estudios del CIS, solo por detrás del personal sanitario (médicos y enfermeros). Aunque existan motivos para pedir un mayor reconocimiento, las condiciones económicas de los profesores de enseñanzas obligatorias son dignas. Lejos quedaron, felizmente, aquellos tiempos en los que se decía “pasas más hambre que un maestro de escuela”. Es cierto que los profesores se enfrentan a problemas nuevos que implican un gran esfuerzo como la constante innovación, la vertiginosidad de las TICs, y lo que es peor, un cambio brusco en la relación con estudiantes y familias. Todo ello debe servir para mostrarles todo el apoyo de la sociedad y una mayor protección por parte de las administraciones.

En cualquier caso, conviene ser exigente con uno mismo y, más allá de las reivindicaciones, mirar qué puede hacer cada cual por mejorar su trabajo. También los profesores. Un docente, especialmente el que está en las etapas obligatorias, es un referente para los niños y su guía en las procelosas aguas del saber y de la Vida. Una buena maestra puede despertar en el niño el genio dormido de la literatura. Un maestro tenaz y persistente puede conseguir que un zote salga adelante. Una maestra cariñosa y alegre puede sacar del pozo de las desdichas al niño víctima de un hogar desestructurado. Los maestros no pueden permitirse el lujo de desfallecer en su ingente labor, no pueden sucumbir ante el marasmo de la gresca política, ni pueden desfallecer en el empeño de formar mejores ciudadanos.

A lo largo de mi experiencia profesional he impartido formación y he conocido a centenares de profesores y, en ocasiones, formo a claustros enteros. En casi todos los colegios descubro gente maravillosa, profesional y con ilusión a raudales. Pero, también, a veces descubres miradas esquivas y esquinadas, ves caras agrias, hueles la desgana y atisbas ciertos gestos que no transmiten nada bueno. En esas ocasiones siento indignación y miedo. Y es que no se puede ser un mal docente. Al que no le guste esta profesión, que se dedique a otra cosa. Pues a contrario sensu de la frase con la que he iniciado esta reflexión, no habría una labor más indecente que la de un mal docente.